Crónica de Sant Jordi
Éste es uno de los ejercicios que hemos hecho en clase. Se trata de una crónica sobre la festividad nacional de Sant Jordi en Barcelona
Un año más, un libro, una rosa y un partido político
La fiesta de Sant Jordi, símbolo de la identidad catalana, coincide este año con el homenaje a Cervantes y a su personaje Don Quijote
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DANIELA POCH Barcelona
La conmemoración de Sant Jordi es una metáfora de la identidad catalana y, sin duda, año tras año se configura de manera diferente, aunque la mayoría de la gente coincida en el hecho de que tiene una duración efímera, casi fugaz. Muchos de los personajes que rodean el centro de venta de libros y rosas afirman que no es nada fácil de asimilar todo cuanto esta celebración le da al pueblo catalán pero opinan que cada año “se celebra con la alegría que supone regalar un libro a tus hijos o a algún miembro de tu familia”. Más de mil rosas llenan de color los tenderetes y el camino de la gente que merodea por las Ramblas. Chicas que respiran a su paso el aroma de una dulce y popular festividad que cada vez consigue inflar de sonrisas las plazas, calles y pueblos catalanes. Se anda rozando una felicidad. Es el día de la excepción, el día en que se desea que esa rosa no muera nunca o viva hasta la siguiente celebración.
Los tenderetes van teñidos, arreglados con la bandera de la patria, una bandera que, para muchos, es lo que da definición a la festividad de Sant Jordi.
Esta vez, el paseo de las Ramblas y sus alrededores no ha sido menos atractivos que años anteriores y se ha embellecido con el color de las rosas y de los libros. Gente como Lucrecia, cantante y presentadora de los Lunis, ha dedicado toda la mañana a una eterna firma de libros. Personas que la conocían se agrupaban a su alrededor y formaban un gran tumulto, personas que tenían curiosidad se acercaban también, así como la que, simplemente, seguían a la masa y acababa encontrándose delante del tenderete dándole apoyo.
Las casetas formaban el perímetro del pasillo y, muchas de ellas, aprovechaban para publicitar partidos políticos, muchos de carácter nacionalista. “Siempre va bien en este día”, dice Núria. Seguramente es el gran día, el día en que se celebra una festividad que, dentro de lo comercial, también es política. La gente catalana pasea orgullosa por el camino de las flores y los libros y aún puede sentir más admiración por su Patria si a su alrededor casetas publicitarias de partidos políticos le hacen ver dónde están y qué celebran. Aunque para algunos tampoco tenía un gran sentido porque “ésta es la fiesta de los libros y de las rosas y no creo que nadie se interese en este día por una propaganda”, según cuenta un paseante. Se puede pensar que cualquier ocasión puede ser válida para promocionarse. Pero siempre hay gente para criticarlo. En la Plaza Sant Jaume un hombre se ha atrevido a forrarse de papeles, ponerse un sombrero enorme coronado con banderitas y se ha escrito todo de mensajes que critican a los partidos políticos y a la sociedad. Sant Jordi también es día para convertirse en un gran filósofo.
Nueva celebración
Por otra parte, éste es un año especial. En el día del libro se celebra, también, el centenario de Don Quijote de la Mancha, unos de los personajes más importantes e ilustres de la literatura española y que dio vida Miguel de Cervantes. Este año las sonrisas van dedicadas a él y a su crítico personaje Don Quijote. También se ha tenido consideración en los puestos de venta que envuelven el centro de Barcelona.
En el día de Sant Jordi se realiza un cambio de escenario completo en el paseo de Las Ramblas. Todo aquello que nos envuelve, que decora, que da vida y definición a éstas y que, además, estamos acostumbrados a ver los días normales, se olvida, parece que lo haya soplado todo el viento y, en su lugar, alguien haya venido y lo haya escenificado como se hace con un escenario. Los mimos que nos hacen reír cuando paseamos se trasladan porque los tenderetes cubren su lugar y los pasos que daríamos se multiplican por cuatro y se reducen por ocho. Los paseos son más lentos de lo normal y la gente que te rodea está más cerca tuyo que nunca. Es la gran masa.
A pesar de que cada año Sant Jordi nos inspire decoraciones y celebraciones distintas siempre hay hechos que coinciden. Según cuenta Raúl, vendedor de rosas desde hace tres años, “nunca falta el típico hombre que en el último momento compra la rosa más destrozada, que hasta tiene que unir el capullo con el tallo con un alambre, la manera más chapucera”. El regalo de una rosa sirve para expresar el más puro amor o el más sincero cariño y estima, pero el olvido de este detalle puede dar la información suficiente como para expresar lo contrario.
Desde hace poco, esta celebración nacional ha ido penetrando en la tradición de más de un inmigrante que seguramente quiera integrarse en su nueva ciudad. Ya son cada vez más los chinos que aprovechan para hacerse con un buen dinerito sacando su más fiel paciencia detrás de los apartados de venta o, simplemente, deambulando por las nocturnas calles para que el último despistado no deje de entregar la rosa más bella. Poco a poco las costumbres catalanas llegan a los corazones de los más lejanos, pero de los que, posiblemente sin remedio, tienen que empaparse de la tradición para demostrar que cada día están más cerca.
Destacado: Ráúl, vendedor de rosas: "Nunca falta el típico hombre que en el último momento compra la rosa más destrozada, que hasta tiene que unir el capullo con el tallo con un alambre"
Un año más, un libro, una rosa y un partido político
La fiesta de Sant Jordi, símbolo de la identidad catalana, coincide este año con el homenaje a Cervantes y a su personaje Don Quijote
. DANIELA POCH Barcelona
La conmemoración de Sant Jordi es una metáfora de la identidad catalana y, sin duda, año tras año se configura de manera diferente, aunque la mayoría de la gente coincida en el hecho de que tiene una duración efímera, casi fugaz. Muchos de los personajes que rodean el centro de venta de libros y rosas afirman que no es nada fácil de asimilar todo cuanto esta celebración le da al pueblo catalán pero opinan que cada año “se celebra con la alegría que supone regalar un libro a tus hijos o a algún miembro de tu familia”. Más de mil rosas llenan de color los tenderetes y el camino de la gente que merodea por las Ramblas. Chicas que respiran a su paso el aroma de una dulce y popular festividad que cada vez consigue inflar de sonrisas las plazas, calles y pueblos catalanes. Se anda rozando una felicidad. Es el día de la excepción, el día en que se desea que esa rosa no muera nunca o viva hasta la siguiente celebración.
Los tenderetes van teñidos, arreglados con la bandera de la patria, una bandera que, para muchos, es lo que da definición a la festividad de Sant Jordi.
Esta vez, el paseo de las Ramblas y sus alrededores no ha sido menos atractivos que años anteriores y se ha embellecido con el color de las rosas y de los libros. Gente como Lucrecia, cantante y presentadora de los Lunis, ha dedicado toda la mañana a una eterna firma de libros. Personas que la conocían se agrupaban a su alrededor y formaban un gran tumulto, personas que tenían curiosidad se acercaban también, así como la que, simplemente, seguían a la masa y acababa encontrándose delante del tenderete dándole apoyo.
Las casetas formaban el perímetro del pasillo y, muchas de ellas, aprovechaban para publicitar partidos políticos, muchos de carácter nacionalista. “Siempre va bien en este día”, dice Núria. Seguramente es el gran día, el día en que se celebra una festividad que, dentro de lo comercial, también es política. La gente catalana pasea orgullosa por el camino de las flores y los libros y aún puede sentir más admiración por su Patria si a su alrededor casetas publicitarias de partidos políticos le hacen ver dónde están y qué celebran. Aunque para algunos tampoco tenía un gran sentido porque “ésta es la fiesta de los libros y de las rosas y no creo que nadie se interese en este día por una propaganda”, según cuenta un paseante. Se puede pensar que cualquier ocasión puede ser válida para promocionarse. Pero siempre hay gente para criticarlo. En la Plaza Sant Jaume un hombre se ha atrevido a forrarse de papeles, ponerse un sombrero enorme coronado con banderitas y se ha escrito todo de mensajes que critican a los partidos políticos y a la sociedad. Sant Jordi también es día para convertirse en un gran filósofo.
Nueva celebración
Por otra parte, éste es un año especial. En el día del libro se celebra, también, el centenario de Don Quijote de la Mancha, unos de los personajes más importantes e ilustres de la literatura española y que dio vida Miguel de Cervantes. Este año las sonrisas van dedicadas a él y a su crítico personaje Don Quijote. También se ha tenido consideración en los puestos de venta que envuelven el centro de Barcelona.
En el día de Sant Jordi se realiza un cambio de escenario completo en el paseo de Las Ramblas. Todo aquello que nos envuelve, que decora, que da vida y definición a éstas y que, además, estamos acostumbrados a ver los días normales, se olvida, parece que lo haya soplado todo el viento y, en su lugar, alguien haya venido y lo haya escenificado como se hace con un escenario. Los mimos que nos hacen reír cuando paseamos se trasladan porque los tenderetes cubren su lugar y los pasos que daríamos se multiplican por cuatro y se reducen por ocho. Los paseos son más lentos de lo normal y la gente que te rodea está más cerca tuyo que nunca. Es la gran masa.
A pesar de que cada año Sant Jordi nos inspire decoraciones y celebraciones distintas siempre hay hechos que coinciden. Según cuenta Raúl, vendedor de rosas desde hace tres años, “nunca falta el típico hombre que en el último momento compra la rosa más destrozada, que hasta tiene que unir el capullo con el tallo con un alambre, la manera más chapucera”. El regalo de una rosa sirve para expresar el más puro amor o el más sincero cariño y estima, pero el olvido de este detalle puede dar la información suficiente como para expresar lo contrario.
Desde hace poco, esta celebración nacional ha ido penetrando en la tradición de más de un inmigrante que seguramente quiera integrarse en su nueva ciudad. Ya son cada vez más los chinos que aprovechan para hacerse con un buen dinerito sacando su más fiel paciencia detrás de los apartados de venta o, simplemente, deambulando por las nocturnas calles para que el último despistado no deje de entregar la rosa más bella. Poco a poco las costumbres catalanas llegan a los corazones de los más lejanos, pero de los que, posiblemente sin remedio, tienen que empaparse de la tradición para demostrar que cada día están más cerca.
Destacado: Ráúl, vendedor de rosas: "Nunca falta el típico hombre que en el último momento compra la rosa más destrozada, que hasta tiene que unir el capullo con el tallo con un alambre"

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